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    3. Capítulo 1

    Capítulo 1

    Capítulo 1 León disgustado

    August 4, 2026

    Leonardo observa su cachorra dormir después de haberla tomado varias veces, suspira y acaricia los costados del cuerpo desnudo de Kara. La loba se remueve y se pega al calor que emana desde el Don que deja salir un bajo gruñido.

    Deposita un beso en su frente para abrazarla fuerte, escucha como pasos rápidos se acercan hacia la habitación y el olor de sus cachorros también llega a su nariz, sonríe y se levanta para ir hasta su cajón de donde toma un bóxer, se acerca a la puerta y quita el seguro para volver a la cama donde sube y toma las colchas para cubrir a la mujer que duerme a su lado.

    Los cachorros atraviesan la puerta y rápido suben a la cama, el ruido inunda la habitación mientras abrazan a su padre y lo llenan de besos, Leonardo se ríe al sentirlo tan animados.

    —Buenos días cachorros, —murmura—Su mamá está dormida, no hagan ruido…

    —Ya es tarde, —susurra Kara abriendo sus ojos para recibir besos por cada uno de sus hijos.

    Todas las mañanas es lo mismo. Los pequeños revoltosos llegan y despiertan a sus padres con besos, por eso el Don es precavido y cuando piensa hacerle el amor a su loba coloca seguro para evitar que estos los encuentren en algo.

    —¿Por qué tan contentos? —Cuestiona el Don mirándolos con curiosidad.

    —Dijiste que iríamos con el tío Fer, —comenta Enzo con una sonrisa.

    —¿En serio dije eso? —Todos asienten y este sonríe—Bien, vayan a ducharse y que su nana los ayude a ponerse ropa, —solicita.

    Los pequeños asienten para abandonar la habitación, esa es una de las cosas que ama de ellos: que son obedientes.

    Kara lo observar y este la mira con una de sus cejas enarcada.

    —Eres un sexi papá, —este se ríe mientras niega.

    —Sexi seria verte embarazada nuevamente —declara colocándose sobre la loba que lo mira con su ceño fruncido.

    —Diosa, no, —suelta. —Ya estamos bien con cuatro, —el Don bufa.

    —Sabes que quiero una enorme familia, —murmura. —Y en dos semanas será de apareamiento, —agrega.

    —Me estoy cuidando bien, así que no pasara como con los gemelos, —anuncia tocando el rostro del Don cuando frunce su ceño.

    —No me has dicho que usas, —la loba arquea sus cejas y niega.

    —Ni te lo diré.

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    —No poeud nrtee áms os,jih atim—su onc voz uasev nsraimet alaz su amno rpaa rcota al ljileam dle oDn ueq es eaajl coom si tase le armaequ.

    om—C¿ó itsuedp chaer gola coom o?se qeenrui—I ocn ,rKbidalddaeia— te edij ueq eriqou eetnr suchom rrshooacc, rmm—urau uetoniiq naaidomnc staha la amca doned es etiasn y adje su soorrt treen sus asmno.

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    Visão geral
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